lunes, 18 de junio de 2007

LA VALENTÍA DENTRO DE LA COBARDÍA

El amanecer se acercaba, lo podía sentir en cada terminación de su ser, tenia que moverse, debía moverse o el calor purpureo lo convertiría en polvo. Pero había una fuerza inexplicable que lo mantenía en el mismo sitio, como piedra, abrazado a su querido amigo, estaba hecho, ya no se podía echar atrás, su mejor amigo había muerto por sus manos, porque le había hecho caso?, porque no había buscado otra solución? Estaba muerto, y nada podría hacer que sus ojos volviesen a abrirse.
Por fin consiguió levantarse, no sin antes dejar a su amigo en una postura relajada, y con los agujeros de sus colmillos cerrados por unas gotas de su propia sangre.
Ahora solo viviría para una cosa, pero antes de nada iría a despedirse de la que había sido su compañera por tantos años y a la que le iba a costar dejar, Lucinda, esa gitana morena que lo había guiado en la oscuridad, y había sido su maestra, su amante, su amiga.
Tenia miedo de llegar a su refugio, pero debía hacerlo, y para evitar problemas, decidió decirle que la dejaba después del próximo despertar.

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